Relatos de Esperanza

RELATOS DE ESPERANZA, NUEVOS PASOS 

Después de muchos años de contar el dolor de la guerra en sus comunidades, habitantes de las Zonas Veredales y Puntos Transitorios de Normalización empiezan a relatar una nueva historia: la de la esperanza de poder vivir en paz y que llegue el desarrollo a sus regiones.

“Relatos de Esperanza, nuevos pasos” recoge esas voces de mujeres, jóvenes, hombres y líderes, quienes sienten ese cambio y sueñan con la paz para nuevas generaciones.

Son historias contadas desde las zonas donde renace la Esperanza. 

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UNA NUEVA LUZ PARA VISTAHERMOSA 

Es jueves, un calor húmedo inunda el ambiente y un sol intenso anuncia la llegada del mediodía a La Cooperativa, una vereda de aproximadamente 80 habitantes, a una hora y media del casco urbano de Vistahermosa, en el departamento del Meta. Aquí vive Derian Castañeda, un joven de 20 años que llegó a La Cooperativa cuando tenía apenas 5; venía de Ataco, en el Tolima, otro de tantos municipios del país que sufrió por décadas los embates de la guerra.

Han pasado quince años desde ese momento, quince años en los que él y esta vereda que ha sido su hogar, se han transformado. Nos sentamos a la sombra de un árbol y Derian empieza a contarnos cómo en La Cooperativa, así como en muchas otras veredas de la zona, las risas y las voces de los niños y las niñas eran reemplazadas durante años por el ruido de los fusiles, y por el silencio del miedo, de las lágrimas ahogadas, del terror escondido debajo de las mesas y de las sillas. “Los profesores nos decían ‘al piso’ y tocaba esperar que pasara. Esos tiempos lo marcaron a uno, sentía el miedo a toda hora (…) ese miedo, siempre…”.

Pero para Derian, hoy la situación es distinta. Los diálogos de paz y el acuerdo que resultó de ellos cambiaron la rutina de su comunidad, los combates ya no hacen parte del día a día, y con ellos se fue también el temor constante. “Ahora hay una luz”, nos dice, y sí, la vemos, vemos la luz que proyecta su sonrisa y la esperanza que transmiten sus palabras.

Derian quiere ser profesional, trabajar en temas agropecuarios y especialmente aportar a su gente, a su vereda. Hoy siente que esto es posible, aunque todavía hace falta ver cambios más allá del fin de la guerra. Los proyectos productivos, las mejoras en educación, salud, conectividad, y demás, deberán llegar por ese camino que abonó la ausencia de conflicto armado. Derian vive el presente, empezará a trabajar en la biblioteca móvil, construye paz y futuro desde sus posibilidades, pero sobre todo espera con ilusión lo que está por venir. 

 

Escrito por: Daniela Vargas, Oficial de Información Pública, regional Villavicencio 
Misión de la ONU en Colombia, mayo de 2017.